Ruta en moto por la Costa da Morte: frescor, curvas y marisco

Si este verano estás pensando en hacer una ruta en moto pero te preocupa el calor sofocante y no te apetece acabar chamuscado al sol, te traigo una propuesta refrescante, literal y figuradamente. Una escapada perfecta para desconectar entre paisajes espectaculares, buena comida y, sobre todo, temperaturas que no superan los 25ºC.

Prepárate para recorrer la Costa da Morte, en Galicia, un destino ideal para respirar aire atlántico, descubrir rincones con historia y evitar los +35º que suelen castigar otras partes de España por estas fechas.

Aunque esta ruta suele hacerse en un par de días, puedes adaptarla a tu ritmo. ¿Tienes tres días? Perfecto. ¿Cuatro? Mejor aún. Aquí lo importante no es llegar, sino disfrutar del trayecto

Día 1: De Roncudo a Malpica – Acantilados, historia y faros

El viaje comienza en Cabo Roncudo, donde puedes acercarte hasta el Faro Roncudo. No hace falta guía para entender por qué se llama así: basta con escuchar cómo rompe el mar contra los acantilados. Un espectáculo sonoro que te pone los pelos de punta (y no por el frío).

De ahí, pon rumbo a Malpica, un encantador pueblo pesquero con mucho que contar. Frente a sus costas destacan las Islas Sisargas, un refugio natural para aves marinas como gaviotas y cormoranes. Las vigila un faro hoy automático, pero antaño hogar de varias generaciones de fareros de pura cepa.

En este municipio también merece la pena desviarse hacia el alfarero pueblo de Buño o visitar la aldea de Mens, con su iglesia románica y las Torres de Mens, testigos mudos de épocas medievales.

Tras este recorrido, sigue la costa rumbo oeste. Busca un alojamiento en la zona, cena algo rico (que no será difícil) y prepárate para el siguiente tramo de la aventura.

Día 2: De Camariñas a Muxía – Turismo, historia y fresquito del bueno

Después de una noche reparadora, dirígete hacia Camariñas, donde el clima ya empieza a notarse más suave y agradable. Aquí empieza lo bueno: carreteras costeras, paisajes que parecen de postal y pueblos que invitan a parar cada poco.

Haz una parada larga en Muxía. Tómate tu tiempo y actúa como un auténtico turista. ¿Por qué? Porque hay joyas como:

  • El Santuario de la Virgen de la Barca, construido en 1719, de estilo barroco.
  • Varias iglesias románicas repartidas por el municipio, como San Xulián de Moraime o San Martiño de Ozón.
  • La escultura A Ferida, de Alberto Bañuelos, que simboliza la herida que dejó el hundimiento del petrolero Prestige en 2002.

Ya lo verás: vas a empaparte de historia… pero no de sudor.

Corcubión, Finisterre y más allá – En el fin del mundo


Sigue tu viaje hasta Corcubión, que en la Edad Media era paso obligado para los peregrinos que, tras visitar Santiago, seguían su camino hacia Finisterre. Hoy sigue siendo lugar de paso… y de asombro.

Y sí, por fin llegarás a Finisterre, donde el mundo parece acabarse (aunque no te preocupes, sigue habiendo cobertura móvil). Aquí puedes hacer dos cosas: mirar al horizonte con cara de película épica o quedarte un día más a disfrutar de su tranquilidad, sus playas, sus gentes y, por supuesto, su marisco recién salido del Atlántico.

Última parada: Muros y Santiago de Compostela – Final con historia.


Si decides continuar, coge la AC-550 y serpentea la costa hasta Muros, un pueblo marinero declarado conjunto histórico-artístico gracias a su casco antiguo, su mercado, la Colegiata de San Pedro y su animado puerto.

Y para cerrar con broche de oro, tu destino final será Santiago de Compostela, punto de llegada de miles de caminantes con kilómetros y anécdotas en las piernas. Pasea sin prisa por sus calles empedradas y descubre joyas como el Colegio de San Jerónimo, el Pazo de Gelmírez, el Hospital de los Reyes Católicos o los monasterios de San Pelayo de Antealtares y San Martín Pinario.

Además de frescor y paisajes de postal, esta ruta es un homenaje al paladar. Si te gusta el marisco, prepárate para darte un festín con sabor atlántico. Pulpo, percebes, navajas, almejas… Aquí se come lo que el mar ofrece, y se ofrece con orgullo.

Esta ruta en moto por la Costa da Morte es una alternativa perfecta para quienes quieren disfrutar del verano sin derretirse. Curvas suaves, pueblos con encanto, mariscos de primera y, lo más importante: temperaturas que no te hacen soñar con aire acondicionado.

Así que ya sabes: prepara la moto, el equipaje justo y las ganas de descubrir. Galicia te espera con los brazos abiertos, el cielo nublado y el pulpo a feira recién hecho.


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